Historia


 

La Virgen de la Estrella 

Buenache de Alarcón

 

 

 

 

   Es muy probable que la presencia de la Virgen de la Estrella en Buenache de Alarcón date de los años muy próximos a la reconquista de la zona, hacia 1184. En esta época es cuando se empieza a utilizar la estrella en sustitución de la cruz, que queda como emplema de las distintas órdenes militares. La estrella cristiana se oponía a la media luna islámica. Las dos eran signos del cielo. La estrella que sustituía a la cruz debía tener ocho puntas, eran dos cuadrados cruzados; un cuadrado representaba el cielo y otro la tierra, indicando que Cristo es divino y humano. Según esto la Virgen de la Estrella mostraba a Cristo con este signo.

   Junto a uno de los importantes caminos que comunicaban las tierras de Castilla con Andalucía, se edificó la ermita en la Ribera del río Júcar. Según decía el P. Pedro de Jarava, Franciscano de Valverde en el S. XVII, la ermita era un "lugar divertido" , un agradable paraje. Se puede afirmar que era el santuario de la Virgen más importante en todo el curso del río. Estaba a medio camino entre Honrubia y Buenache, y fue centro de espiritualidad y de descanso de madereros y trajinantes. Era grande la afluencia a la romería. En el transcurso de una semana celebraban las fiestas patronales Honrubia, Buenache y Valverde, que fueron muy intensamente vividas por los tres pueblos, por la poca distancia que les separaba. El pantano anegó la ermita y cortó la comunicación y la relación de estas tres poblaciones. Una herida que todavía perdura. La ermita cambió de ubicación y lo que antes era Ribera, ahora se ha combertido en monte dominador del paisaje.

   A partir del S. XVIII la Virgen muestra una estrella de siete puntas, por lo que se cambió el símbolo del Cristo inicial por el símbolo de los siete dones del Espíritu Santo. 

 

 


 

MANUEL FERNÁNDEZ-VÍTORA Y ALCAIDE 


 

Manuel Fernández-Vítora y Alcaide había nacido en Lillo (Toledo) el 10 de abril de 1901. Fue muy amante de la catequesis de niños y adultos, siendo muy querido en todos los pueblos por donde desempeñó el ministerio sacerdotal. En 1935 era ecónomo de Buenache de Alarcón (Cuenca). Vivía con sus padres y otros familiares.
El 25 de julio de 1936 celebró la última Misa pública en la parroquia, pidiendo especialmente por la paz. Le amenazaron de muerte, pero él decía a su familia y a los feligreses: "No tengáis pena; si me matan es que me llama Dios..." El día 28 los milicianos echaron a don Manuel y sus familiares de su casa. Estos se refugiaron en la ermita de Nuestra Señora de la Estrella.
Enseguida alguno del pueblo debió reconocer a don Manuel y, tras denunciarlo, fue detenido. Le dieron una paliza tan grande que destrozaron dos escopetas en su cuerpo y le rompieron un brazo. También martirizaron a su sobrino, un niño de corta edad que lo acompañaba. Tras continuas palizas y ultrajes fue conducido al Ayuntamiento de Buenache. Allí ocurrieron cosas terribles. El sobrino le decía: "Alce el puño, tío, para que no le peguen. Diga usted.. ¡Viva Azaña!" Pero el tío lo miraba con sonrisa mezclada en dolor y callaba, callaba y no alzaba el puño. Las palizas aumentaron hasta tal punto que don Manuel aparecía ensangrentado por todo su cuerpo. El niño, envuelto en lágrimas, decía a los verdugos: "No peguéis a mi tío, que ha sido nuestro padre, que nos quedamos sin padre y él nos ha criado"

Finalmente le dijeron que lo llevaban a Cuenca ante el Gobernador. Antes de salir dirigiéndose a su sobrino, sabedor de lo que se avecinaba, le entregó un crucifijo, diciéndole: "Di a la abuela que lo lleve siempre consigo... Le dices que no llore... Que me dice Dios que me van a matar... ya sé que me van a matar... El tío se va a un sitio donde estará muy bien... Va al Reino de los Cielos... Va a tener la mejor Madre allí". Se despidió del sobrino y en coche lo condujeron a Cuenca. Eran las tres de la madrugada. Durante todo el trayecto, fueron dándole puyazos e insultándolo, mientras él iba rezando; ya cerca de Cuenca, pronunció las últimas palabras: "Dios mío, recoge mi alma y no toques a mis padres". Así cayó desplomado a las afueras de Cuenca, en la carretera de Valencia, cerca de un aserradero. Eran entre las seis y las siete de la mañana del 7 de agosto.